El cuadro de Luis
Ayer recibí a través de Correos el paquete que contenía dos obras de Luis Izquierdo-Mosso (Sestao 1954), a quien conozco virtualmente desde hace unos años vinculados a través del Museo de Arte Abandonado. El 15 de noviembre del año pasado Luis publicaba en su muro un post con una obra suya de 2025, y el boceto preliminar de 1977. Cuarenta y ocho años entre la idea y su concreción. ¡La vida es tan intensa, si nos fijamos en los detalles! Alabé la pieza en un comentario y recibí una respuesta por privado. “Hola Jordi, precisamente había pensado que sería un honor que acogieras en el museo la pieza de mi último post. El boceto lo encontré entre papeles cuando vacié el piso de mis padres, lo considero arte un poco abandonado. La versión al óleo encaja por mi poca pericia en esta técnica que casi no he practicado. Además, al final, casi toda mi obra será arte abandonado. ¡Salud!” La esencia el museo, reflejada; la casa que se vacía, los recuerdos que nos sobrevienen. Finalmente, ayer recibí el boceto y la obra final, tras largas conversaciones con aduanas para que liberaran el envío. No alcanzo a describir la emoción con que deshice el envoltorio y la maravilla de tener entre las manos ambas piezas. El tacto frío del óleo y su pátina satinada, en contraste con la calidez del preciosista marco en madera de 1930 que custodia el mínimo boceto en papel de una sutileza extraordinaria. Uno comprende a partir de estas piezas, la profundidad de pensamiento en las obras literarias del artista. “20 Toneladas (Arte Contemporáneo para Turistas)” es un viaje impresionante por la historia del arte moderno, por todas esas obras que nos remueven las ideas más asentadas que teníamos sobre el arte, que nos caen encima como un yunque. 20 Toneladas es un libro divertido e irreverente, un libro absolutamente visual tanto en su redacción como en sus imágenes. De él nace otra obra, “23 museos imaginados”, libro en el que aparece el relato y la maqueta de un museo como nuestro Museo de Arte Abandonado; una fantasía del autor que ubica su museo imaginado en Estepona y lo pone en marcha un funcionario municipal de la brigada de limpieza pública, quien rescata todas las obras de arte que encuentra abandonadas en las calles. Cuando ambos, Luis y yo, supimos de nuestras propias obras (libro y museo) sin conocernos de nada anteriormente, sonreímos ante la realidad de la vida, que supera cualquier ficción imaginada.
En la red descubro una semblanza de Luis. “Tras licenciarse en Filosofia, comienza con exposiciones de pintura y obra sobre papel en 1977, pasando después a usar la fotografía y todo tipo de técnicas graficas de producción de imágenes. Realiza exposiciones individuales en Bilbao, Madrid, Valencia, Gerona, Figueres, y numerosas colectivas. Publica textos en revistas dedicadas al arte como Lápiz, Papers d’art, Transversal, Zehar. Colabora con la radio pública vasca como comentarista de arte. En 2001 dirige el cursillo “el agujero digital” (sobre estética fotográfica) en el centro de arte Bilbaoarte (Bilbao). En 2004 comisaria la exposición “dalimitar” para el museu de l’Empordà de Figueres y el Museu Jaume Morera de Lleida. Obra en colecciones públicas: Artium (Vitoria), Círculo de Bellas Artes (Madrid) Museu de l’Empordà (Figueres), Museo de Bellas Artes (Bilbao). “En sus obras, incluso en sus primeras etapas, se genera un indicio de movimiento seriado que tiene mucho que ver con el lenguaje característico del vídeo, al que actualmente está más dedicado…y esa extraña sensación de que en las imágenes que nos ofrece no está sucediendo nada, pero que, justo al lado, en la siguiente secuencia, está la clave de todo, dota de un carácter muy personal a su trabajo” Rosa Olivares, “100 fotógrafos españoles -100 spanish photographers” , Exit publicaciones, Madrid, 2005, pag. 206”.
Más allá de cualquier semblanza, la lectura de “20 toneladas” supone comprender el arte moderno en su contexto, alejándolo de las supercherías propias de criterios con escasa amplitud de miras. La ironía en la obra de Luis forma parte del “movimiento seriado” del que habla Rosa Olivares en su crítica, que le permite transitar por la vida con una visión en continuo deslizar en la cresta de la ola, disfrutando del precario equilibro del surfista en su éxtasis al cabalgar los Océanos. La propia obra que ha recogido el Museo de Arte Abandonado representa la síntesis de la ola donde, en este caso, el surfista es el punto rojo que navega en el epicentro del torbellino sintiendo la profundidad a sus pies y, por encima, la vorágine de una ola gigantesca que le indica la insignificancia del ser en relación a la enormidad de la naturaleza. Y así, la vida nos centrifuga en sus embates.
Muchas gracias, Maestro. Emocionado.