Morro Jable

Grabado de 20 x 24 cm. Firmado M. Roger 05. Conviene ir a la reseña del lugar en Wikipedia. Entre líneas, no escrita, está la verdadera historia del lugar, como siempre. Véase la imagen del grabado (probablemente extraída de una fotografía antigua) y la de la actualidad y extraigan de nuevo conclusiones. No me quedo ni con una ni con otra, me quedo con la que no existe, anterior a la conquista. Del grabado destaco el color elegido, esa monocromía de intensidad variable que compone el volumen y la profundidad. Buena mano ahí. Buena mirada también. Este trabajo y otro más llegaron a la colección de arte abandonado en sendas cartulinas azules a modo de estuche; en una de ella una etiqueta llevaba el siguiente lema: “América Roger Santana. Taller de artes gráficas”. Y un teléfono móvil al que cuando llamé, una telefónica locutaba “este teléfono no existe”. Javi, recién llegado de Fuerteventura tras veinte años viviendo allí, supo decirme sin dudar el paraje. Localicé fotografías y sí, efectivamente, es Morro Jable. Estas obras/documentos despiertan mi interés por lo que tienen de testimonio, del tiempo al pasar, de intenciones que no atino del todo a comprender. Me gusta esa nebulosa que se extiende entre la fecha de ejecución, la de hoy y la que corresponde al lugar, que intuyo anterior al momento de hacerse el grabado. Esos saltos temporales me fascinan. Tiempo sobre papel. Realidad, imago, desenfoque, péndulo y espada de Damocles. Todo en un simple papel de alto gramaje. Monocromo. Una cuadrícula suspendida en el tiempo y el espacio. Y servidor al otro lado. Y tú también. Un galimatías. Un misterio tan antiguo como el origen de todo. La felicidad, o parte de ella, es adaptarse y vivir en la incógnita, casi sin saber por más que intentemos asir algún referente cierto porque, el único que tenemos, nos conduce a la desaparición a la que nos sobrevivirá muy probablemente este grabado que ya fue rescatado una vez de las fauces de la antimateria. El Océano seguirá batiendo sobre ese punto en el mapa orbital hasta que definitivamente se apague la luz, o el astro estalle.