
Sus casi treinta metros cuadrados convierten este lugar en uno de los espacios museísticos más pequeños del mundo y, por la temática, de los más singulares también.

Una veintena de obras que caben en el interior de la pequeña y vetusta maleta de cartón que vivió más de una guerra.

Casi un millar de piezas encontradas principalmente en contenedores de basura. Un mundo muy al margen del mercado del arte.

Salir en busca del tesoro se ha convertido en una tarea diaria. La personalísima cotidianidad del coleccionista, sirve para comprender mejor el significado de un museo así.

A medida que se fraguaba la idea del museo, Vicente Ulloa, director del film, recogió testimonios que arrojan luz sobre tanta emoción. Involucró a Jordi para que contara, de primera mano, intimidades de la intrahistoria de la colección de arte abandonado.